Me acaban de llamar del departamento de Recursos Humanos de Onda Cero para decirme que las cosas “no se hacen así”. Como todo estudiante de Periodismo en su último año de carrera, el horizonte que plantea el verano supone ya un futuro incierto. Son muchas las cosas a tener en cuenta para plantar la semilla de una próxima carrera profesional: unas prácticas en una empresa de prestigo, una formación complementaria adecuada o el aprendizaje de idiomas. Y pagar el alquiler.
En mi plan de futuribles apunté alto en este empeño: no trabajaría en el Telepizza ni en el Mercadona, pero tampoco iba a aceptar unas prácticas no remuneradas. Por ello, me inscribí pronto en las primeras prácticas que salieron para este verano: Onda Cero. Para los pateasalasdeprensa que siempre nos cruzamos caras, las prácticas en esta empresa son conocidas por dos factores: porque te hacen unas pruebas para ver si tienes experiencia (sic) y porque no introducen en plantilla a ningún becario. Nunca. Pero pagan 180 euros.
No sé si están al tanto, pero esa cantidad no alcanza a un alquiler, y ni mucho menos da para una vida digna. Consciente de ello, he seguido solicitando más convocatorias después de haber pasado por el excelso proceso de selección de la emisora. Tenía aseguradas esas prácticas, sí, pero quería algo mejor. Y lo he conseguido.
Desde el uno del próximo mes abordaré un periodo de prácticas de tres meses en el diario La Voz de Jerez. Horarios leoninos, vida en otra ciudad que ya no es la mía y distancia sentimental de por medio. Lo que nos encanta a los periodistas. Todo por 250 euros al mes, más una beca de 180 euros que esperemos que sigan dando este año también desde la Consejería de Economía, Innovación y Ciencia. Un lujo para una época ésta en la que los carteles que ya pululan por la Facultad anuncian las dos centenas por habitación y mes.
Hoy ha finalizado el proceso y por fin he podido enderezar mi timón. Pero la sorpresa me ha llegado cuando alguien ha decidido catalogar de “traumáticos” mis movimientos por la cuerda floja. Según Onda Cero, “cuando un estudiante se compromete a hacer unas prácticas las tiene que hacer desde que empiezan hasta que acaban“. Punto. Y no hay más que hablar. Porque “qué es esto de avisar un 11 de junio”. Cuando sólo faltan 20 días para que empiecen las prácticas. Igual les he jodido el cuadrante con el que tenían cubiertas las vacaciones a base de becarios. Algo ilegal, por cierto.
“Tú no sabes la de estudiantes que había esperando ocupar tu puesto”, me explica. Bueno, para eso se supone que sirve la reserva. O mejor, que contraten a alguien, si es lo que necesitan. Pero mientras se sigan escudando en el vacío legal que supone el tratamiento de los becarios, indefensos ante las empresas, la Universidad -y lo que es peor- ante los sindicatos, seguirán pasando lista. “Se os dicen las condiciones y las aceptáis, y no porque encontréis algo mejor os podéis ir“. Condena perpetua. “¿Y si me hubieran ofrecido un trabajo?”, me pregunté retóricamente. Pero mi interlocutora se aventuró a contestar: “Entonces hubiera sido distinto”. Distinto.
Distinto sería que los futuros periodistas tuviésemos la gallardía de exigir para nosotros la misma dignidad que exigimos para los protagonistas de nuestras informaciones, los indefensos. Porque hoy me siento casi así, indefendido. Y por eso lo escribo. Cuando dejé a mitad de periodo mis prácticas en El Correo de Andalucía, muy a mi pesar, temí cerrarme la puerta que tan gustosamente me había abierto: la de firmar mis propias informaciones, cada vez más cerca de la portada, hasta alcanzarla; la de pasar horas en la redacción hasta las tantas; y la de estar en el ojo del huracán informativo de la capital andaluza. Pero fueron ellos, desde el propio periódico, los que se encargaron comprensivamente de ponerme el pie en la puerta para evitar que se cerrara del todo.
Ahora siento que me han dado un portazo. Por fortuna, soy yo el que echa la llave desde fuera y la tira al río.
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